A los 60 años del voto femenino en Colombia

Historia del voto femenino
Parte 2
– América Latina –

Texto: Cristina Hincapié Hurtado
Ilustraciones: Viviana Serna

“Ha llegado la hora de la mujer que comparte una causa pública y ha muerto la hora de la mujer como valor inerte y numérico dentro de la sociedad”

Eva Perón

Se dice que tuvieron que pasar treinta años para que el voto femenino llegara a América Latina después de su aparición en el Reino Unido (1918) y en Estados Unidos (1920). Se dice que la primera vez fue en Uruguay, el 3 de julio de 1927, donde las mujeres pudieron votar en un plebiscito local organizado por la comunidad de Cerro Chato. Se dice que las restricciones siempre estuvieron presentes, como piedras en los caminos por los que avanzaban las mujeres. Se dice mucho y se dice poco de tanta historia que se silencia. Y en la historia de Colombia hay acontecimientos que pocos conocen.

Entre espejos y cóndores

Recuerdo que, en el colegio, la profesora de ciencias sociales solo hablaba de Carlomagno y, ocasionalmente, de la historia de siempre, de la que todos conocimos sobre “La conquista” de América. Europeos que “descubrieron” el continente perdido, que cambiaban oro por espejos, y que, según los libros de Historia, nos habían “salvado” de seguir siendo unos aborígenes salvajes. De las mujeres nunca se habló; con excepción de los actos cívicos en los que debía representar a Manuelita Sáenz o a Policarpa Salavarrieta, ellas nunca aparecieron en los salones de clase. Yo estudiaba en un colegio femenino, pero los hombres siempre hicieron la historia.

Por fortuna éramos curiosas y nuestro interés por el arte y las historias siempre nos llevó a construir y a descubrir las propias. Pronto descubrí que las mujeres siempre hemos estado presentes, activas y con posturas políticas claras en la historia de América Latina, pero poco en las clases de historia. “Las mujeres han organizado huelgas, han participado en demostraciones callejeras urbanas y se han afiliado a los partidos políticos, aun antes de obtener el derecho al voto”, dice la profesora Jane Jaquette. Lo que han hecho las organizaciones de mujeres, su capacidad para trabajar en silencio y hacer que los derechos sean realmente humanos, son historias que nos debemos como latinoamericanos y que deberíamos contarle más a nuestros niños y niñas. Comencé a aprender de historia y de política cuando las turbulencias de la operación Cóndor apenas se aplacaban, dejando a su paso países marcados por la sangre, el dolor, la muerte y las desapariciones, épocas que dejaron abiertas grandes heridas que apenas hoy podemos empezar a sanar, y donde la historia tiene versiones que debemos escuchar. De aquellos aprendizajes recuerdo con fervor los emotivos movimientos en los que las mujeres se hicieron públicas y políticas, movidas por el amor y la necesidad de recuperar a los seres queridos que habían desaparecido o habían sido asesinados en medio de tanta guerra. Siguiendo sus caminos encuentro que lo público siempre ha sido para las mujeres una lucha, una en la que siempre han estado aunque su voz y su voto no siempre hayan sido escuchados, pues se asumía que lo público es masculino y lo privado –la casa, la intimidad y el silencio–, femenino.

Ni de derecha ni de izquierda

María de la Cruz Toledo, fundadora del segundo partido feminista de Chile, creado para luchar por el derecho al voto de las mujeres en este país, decía a viva voz en su manifiesto: “nosotras no somos ni de derecha ni de izquierda. Los hombres se dividen por las ideas, nosotras nos uniremos por el sentimiento”. Este sentimiento siempre estuvo ligado a un cambio social profundo.

La exclusión, fue una de las ideas base de los estados hasta muy entrado el siglo XX en América Latina; las mujeres, los indígenas, las clases proletarias, los iletrados, los negros, todo aquél que se saliera del esquema heredado por los europeos, cuyas ideas conquistaron mucho más que nuestras tierras, estaría por fuera de lo público, y la lucha de las mujeres abarcaría no sólo un sexo, sino más bien a esa mayoría de la sociedad que no era reconocido por los estados.

Luchas silenciosas y hechas a gritos, luchas públicas y privadas, luchas perdidas y ganadas, pequeñas luchas que han hecho grandes cambios, grandes mujeres que se han silenciado en la historia.

Paulina Luisi. Cerro Chato, Uruguay

Cerro Chato está ubicado sobre la Cuchilla Grande, una cordillera de cuchillas que cruza el territorio de Uruguay y se encuentra en el límite de tres departamentos: Durazno, Florida y Treinta y Tres. El 3 de julio de 1927 se convocó a un plebiscito para decidir a qué departamento debía pertenecer Cerro Chato, y allí, se dice, fue la primera vez que ellas votaron. Mujeres como Paulina Luisi, médica, docente y activista feminista, hicieron posible no solo este acontecimiento, sino también que en 1938 las mujeres ejercieran su derecho al voto en una elección nacional. Luisi fue pionera en temas de derechos políticos, la primera mujer bachiller en Uruguay y la primera en graduarse de la facultad de Medicina de la Universidad de la República.

Ella siempre trabajó en sororidad y cooperación con sus hermanas. Fueron 6 hijas, todas se formaron como maestras, y todas tuvieron un papel fundamental en la formación del movimiento feminista en Uruguay.

Matilde Hidalgo. Ecuador

Tres años antes del plebiscito del 27 en Cerro Chato, en Ecuador, una mujer llamada Matilde Hidalgo pasaría a la historia por ser la primera en graduarse en una escuela superior en su país, la primera médica que graduaba Ecuador, la primera latinoamericana que pudo sufragar en una elección nacional. En 1924, cuando se abrieron los registros de empadronamiento para las elecciones legislativas, Matilde acudió a las elecciones y pidió ser registrada para votar. Ante la negativa de los funcionarios, quienes entre el enojo y el asombro no podían entender cómo una mujer se atrevía a hacer esto, ella citó la Constitución nacional de Ecuador: “para poder ejercer el derecho al voto el único requisito es ser mayor de 21 años y saber leer y escribir”. Y como cumplía con los requisitos estipulados, su solicitud fue elevada al Consejo de Estado y finalmente decidieron otorgarle su derecho a votar.

Sin embargo, el sufragio femenino popular se lograría en 1929, pero “solo para las mujeres que pudieran demostrar tener facultades para hacerlo”, y el voto sin restricciones no llegaría hasta 1967, convirtiendo a Ecuador, junto con Puerto Rico, en los primeros países latinoamericanos en darle participación a las mujeres en los sufragios nacionales.

Bertha Lutz. Brasil

Desde 1832 se respiraban aires del feminismo en Brasil, cuando Nísia Floresta, una escritora brasileña, tradujo al portugués una adaptación de la obra de Mary Woolstonecraft: Vindicación de los derechos de la mujer.

Bertha María Julia Lutz nació en Sao Paulo en 1894. Fue profesora y estudió Ciencias naturales; la rana rápida de Lutz lleva este nombre en su honor. En 1922 fundó la Federación Brasileña para el Progreso Femenino y representó a Brasil en la Asamblea General de la Liga de las Mujeres Sufragistas.  

Bertha era científica y política. En su juventud había podido viajar a Europa y conocer a las sufragistas británicas, así que de regreso a Brasil reunió grupos de mujeres que la acompañaran en su campaña, organizando asociaciones, participando en eventos públicos, utilizando los medios impresos para compartir sus ideas y llamando la atención de la opinión pública. El temor a “la disolución de la familia” era el arma de los opositores al voto femenino, pero el discurso de Bertha al entrar a la Cámara de Diputados usó justo este punto como defensa: “El hogar es la base de la sociedad, y la mujer estará  siempre incorporada al hogar. Pero el hogar no se limita al espacio formado por cuatro paredes. El hogar también es la escuela, la fábrica, la oficina. El hogar es principalmente el parlamento, donde las leyes que regularizan la familia y la sociedad humana son elaboradas”.   

En 1934 las mujeres brasileras pudieran votar sin restricción alguna.

Elvia Carrillo. México

Conocida como ‘La monja roja del Mayab’, Elvira Carrillo fue una maestra rural, precursora del feminismo mexicano, quien trabajó fuertemente por la alfabetización de mujeres campesinas. Rita Cetina, maestra, poetisa y feminista mexicana, fundó en Yucatán la primera organización feminista: la Siempreviva. Allí, Elvia conoció los escritos de Mary Wollstonecraft, Flora Tristán, Florence Wright, John Stuart Mill y Susan Anthony, Grimké y Victoria Woodhull, y fue consciente de la injusticia con la que las mujeres eran tratadas por los hombres y de la manera en que la sociedad alimentaba estas ideas patriarcales.

En 1922, gracias al trabajo que había adelantado con su hermano, Elvia logró que el estado de Yucatán permitiera a las mujeres votar y participar en política. Sin embargo solo hasta 1953 las mujeres mexicanas tendrían el derecho pleno a la participación política.

Después de marchas, manifestaciones, desencuentros y luchas, en abril de 1952, miles de mujeres se reunieron en el parque 18 de Marzo en Ciudad de México para exigir al entonces candidato presidencial, Adolfo Ruiz Cortines, que cumpliera su promesa de hacer constitucional el derecho al voto femenino. El 1 de diciembre de 1952, Cortines ocupó la silla presidencial y  el 17 de octubre de 1953 las mujeres mexicanas adquirieron la plenitud de sus derechos civiles y políticos con la participación electoral.

Eva Perón. Argentina

Alicia Moreau de Justo nació en Londres, pero a los cinco años llegó a Argentina. Fue médica y política, destacada por sus ideas socialistas y feministas. Adelantó importantes causas de protección de los derechos a las mujeres al fundar en 1918 la Unión Feminista Nacional, y en 1932 elaboró un proyecto de ley que establecía el sufragio femenino, aunque esta idea solo se concretaría en 1947 con la llegada de Eva Perón.

“En el histórico escenario de la Plaza de Mayo, a través de todo su perímetro, y especialmente frente a la Casa de Gobierno, una extraordinaria asamblea popular presta su marco a la promulgación de la Ley del voto femenino. La trascendente conquista social de las mujeres argentinas, anhelo largamente acariciado y cuya sanción nos encontraba en retardo con la legislación de tantos países de América y Europa, da lugar a la exteriorización de un desbordante entusiasmo popular”, dice un narrador de televisión mientras una multitud de mujeres con pancartas alzan su voz y sus banderas y gritan: “¡Ya podemos votar!”.

Tras promulgar la ley, el 23 de septiembre de 1947, el presidente Perón le entregó el documento a Eva, quien celebró el acontecimiento con un histórico discurso transmitido por la cadena nacional argentina de la época. La inolvidable y polémica Eva Duarte de Perón genera hoy tantas dudas como certezas, pues algunos dudan del papel que jugó en el derecho al voto femenino, pero sabemos también que siempre se expresó públicamente a favor de los derechos de las mujeres y que fue una de las promotoras del proyecto de ley que presentó el peronismo antes de permitir a las mujeres este derecho.

En 1951 la imagen de Duarte de Perón votando por primera vez desde su cama simbolizaría para la eternidad el papel que jugó Evita en la obtención del voto femenino.

Se dice que la primera vez fue en Uruguay, pero hay otra primera vez, en silencio… una historia que tuvo lugar en Santander, Colombia, pero esa es otra historia.

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