Americanah

Por Angie Palacio

Americanah es una novela que transcurre entre los recuerdos de Ifimelu, una mujer que partió de Nigeria para avanzar en sus estudios y quien, entre calles y casas estadounidenses, trenzas y secadores de una peluquería, descubre a la par la vida de otras mujeres y la suya propia.

La escritora feminista Chimamanda Ngozi Adiche, africana, narra desde sus personajes los hilos de la experiencia femenina.  Así logra mostrar los prejuicios y el intento de estatizar lo que significa ser mujer negra y por eso cuenta cómo las mujeres experimentan la vida en diferentes contextos.

Chimamanda es reconocida por llevar el feminismo negro a la literatura preguntándose por los peligros que encierra el hecho de contar la historia desde una sola orilla y respondiendo a la pregunta de por qué todos deberíamos ser feministas. Con sus cuentos y novelas nos sumerge en la complejidad de los personajes, sus historias familiares y los contextos que los convierten en sujetos con experiencias cercanas y cotidianas para quienes leemos.

Los personajes de Americanah se mantienen en la tensión entre las raíces y los cambios que imprimen los nuevos lugares que habitan. Esta dualidad las deja siempre en deuda: de un lado, los señalamientos contra quienes se aferran a sus identidades por parecer atrasadas; del otro, contra quienes se transforman en los nuevos territorios y son señaladas de perder la identidad.

En el libro se alcanza a ver el dolor, pero también la fuerza de las mujeres negras. Sus vidas se muestran en matices en los que aparecen la rivalidad, la apropiación del cuerpo femenino y la relación con el pelo. ¡El pelo! Ese elemento que sirve culturalmente para construir cánones de belleza.

La rivalidad entre mujeres

Foto tomada de http://www.blahs.co.uk/chimamanda-ngozi-adichie-the-danger-of-a-single-story/

Una de las mujeres de esta novela es Kogbi, quien permanece en África. A través suyo se cuenta cómo la rivalidad entre las mujeres permea sus relaciones. Ella sospecha de las otras, representan una amenaza para su matrimonio y crea enemistades con las mujeres de su entorno.

“La preocupaba la asistenta a quién él ni siquiera se le habría ocurrido sucumbir a la paranoia ante asistentas, secretarias, las ‘Chicas de Lagos’, esos monstruos rebosantes de glamour y sofisticación que devoraban a maridos enteros, engulléndolos por sus gargantas enjoyadas”.

En la novela también se exponen las emociones de quienes se ven obligadas a explotar su cuerpo para sobrevivir, y se describen las falacias y formas disfrazadas que maquillan esa explotación.

“Había periódicos esparcidos por el suelo, con ofertas de empleo señaladas en tinta mediante círculos. Cogió uno y hojeó mirando anuncios que ya había visto. ACOMPAÑANTES captó otra vez su atención. Ginika le había advertido: “olvídate de ese rollo de las acompañantes, dicen que no es prostitución pero sí lo es, y lo peor es que recibes quizá una cuarta parte de lo que ganas porque la agencia se lleva el resto”.

Ifimelu es una joven africana que encarna el dolor de abandonar la tierra, el amor y los trabajos, para adaptarse a la cultura estadounidense y buscar el sustento en medio de tratos sexistas y acosadores.

“’¿Vienes por el puesto de ayudante? Puedes trabajar para mí de otra manera’. Luego, con una sonrisa, sin que la expresión de lujuria abandonara sus ojos en ningún momento, le dijo que el puesto ya estaba dado. Ifimelu comenzó a pensar más a menudo en el diablo de su madre, a imaginar que el diablo tal vez tenía algo que ver en eso”.

La relación de las mujeres con su cuerpo se aborda desde el pelo, las trenzas, los alisados y las largas sesiones de peluquería. Allí se entrelazan las vivencias de estas mujeres, cuya idea de belleza es el reflejo de las portadas de revistas y de los comerciales de televisión: pelos lisos y tez blanca, la fórmula para sentirse bellas.

“De pronto a Ifemelu empezó a caérsele el pelo en las sienes. Se lo impregnaba de acondicionadores densos y untuosos, y permanecía bajo chorros de vapor hasta que le corrían gotas de agua por el cuello. Aun así el nacimiento del pelo le retrocedía a diario. Son los productos químicos —le dijo Wambui—. ¿sabes qué contiene un alisador? Eso puede matarte, Tienes que cortarte el pelo y dejártelo crecer al natural”.

En La flor púrpura, otra de sus novelas, la escritora señala los maltratos y la sumisión de una madre, el sufrimiento de unos hijos por la regulación incluso de sus espacios más íntimos y manera de resistir desde lo cotidiano, con personajes femeninos como la tía Ifeoma.

En las líneas de Americanah, que bordean entre Nigeria y Estados Unidos, Chimamanda acerca la comprensión sobre cómo convergen raza, clase y género, para entender cómo se es mujer en cada contexto. Al cruzar los elementos que componen cada historia nos ayuda a reflexionar sobre las realidades de las mujeres que somos y de las mujeres que nos rodean.

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