Ancestra, muchas voces en el silencio

Por Cristina Hincapié Hurtado

Maritza Sánchez Hernández es comunicadora social – periodista de la Universidad de Antioquia. Nació en Medellín, pero su infancia estuvo atravesada por la libertad que se goza cuando se crece en el campo, «en medio de cafetales, mangas y callecitas de pueblos antioqueños», como rememora su infancia, aquella que recuerda siempre con el aroma del café. Gran parte de su vida profesional y del activismo que la caracteriza han estado relacionados con las redes sociales, la vida digital y los derechos en estas plataformas. En Twitter es conocida como @coloresmari, y a través de esta cuenta ha resaltado su trabajo con instituciones como la Fundación Karisma o Creative Commons. Hace un par de años vive en Argentina, donde estudia su maestría en Comunicación y Derechos Humanos, en la Universidad de la Plata. Allí también investiga sobre su hipótesis: el silencio es un dispositivo cómplice en la violación sistemática de derechos humanos de las mujeres, especialmente de las mujeres campesinas. Así nace Ancestra, una guía de recursos digitales para mujeres rurales.

Las mujeres de El Silencio

El Silencio es una vereda ubicada en Palermo, un corregimiento del municipio de Támesis, al suroeste de Antioquia, a tres horas de Medellín.  En El Silencio nació Lucía, la mamá de Maritza, y en esa tierra materna transcurrió su infancia. Hoy habla de éste como un lugar entrañable donde se tejieron muchos de sus recuerdos, unos cuantos amargos y otros muchos dulces, relacionados con el amor por la naturaleza, con la vida en familia, con la libertad y con la compleja tarea de aprender a ser mujer en Antioquia y en Colombia.

Con el paso del tiempo, el mundo real le fue demostrando que no todo era tan feliz y libre como esa infancia que había disfrutado. La realidad de la vida en El Silencio, como pasa en tantos municipios de Colombia, atravesada por las terribles historias relacionadas con la violencia de género, le hizo entender que había temas de los que no se podía hablar y personas con las que era mejor no cruzar palabra. Observó, desde muy joven, que en las relaciones entre hombres y mujeres del campo era común que aparecieran una serie de lo que se conoce como micromachismo, prácticas violentas contra las mujeres que por sus formas naturalizadas, e incluso sutiles, pasan desapercibidas para quien las vive y las observa. Además, escuchó y descubrió historias fuertes y dolorosas de abusos sexuales perpetuados por años, historias muy cercanas, mujeres conocidas y queridas por ella que callaban su dolor, mientras los victimarios se paseaban tranquilos por el pueblo y, haciendo triste honor a su nombre, todo el mundo se quedaba en silencio.  

A través de los relatos de las mujeres de su familia, Mari se dio cuenta de las dificultades que tienen las mujeres del pueblo para acceder a la justicia y a la prevención de las violencias. Cuenta que cuando una mujer ha querido denunciar un abuso, una violación o el maltrato, generalmente acude primero al sacerdote, quien les dice: «así es la vida», «el matrimonio es sagrado», o «esté segura que en la otra vida eso se va a superar». Algunas tienen más coraje y van a la inspección de policía, pero ahí se encuentran con otros comentarios  («su esposo es un hombre respetable, muy trabajador y nosotros en cosas familiares no nos metemos» o «los trapitos sucios se lavan en la casa». Y  frases como: «calladita se ve más bonita», «coma callada» o «el pez muere por la boca»), que arraigados y normalizados, se siguen escuchando en el pueblo y siguen perpetuando  el ocultamiento y los abusos hacia las mujeres.

Entonces esa libertad, regalo de sus ancestras, en oposición al silenciamiento y a la coerción a la que se ven sometidas las mujeres del corregimiento, y en general las campesinas, llevó a Maritza a desarrollar este proyecto como parte de su tesis de maestría: una guía o cartilla que le permita a las mujeres rurales entender, de manera sencilla y clara, cuáles son sus derechos y los recursos disponibles en internet no solo para defenderlos, sino también para potenciar su desarrollo emocional, físico, educativo, laboral, familiar y comunitario.

Su madre, sus hermanas, sus tías, sus abuelas, sus primas y todas las mujeres de su familia han sido la inspiración para este proyecto, y su legado, basado en las ideas comunitarias, en el trabajo colectivo y en el bien común, es una intención de esta guía. Mari nos invita a proteger y cuidar no solo el nicho familiar sino también a la comunidad, una enseñanza que se relaciona con la sororidad, es decir, con la unión y la hermandad entre mujeres, pues en la solidaridad y la cooperación se encuentra un gran aprendizaje que quiere compartir con las mujeres de las nuevas generaciones.

Ancestra. Recursos digitales para mujeres rurales

En sus búsquedas académicas, estando ya en Buenos Aires, Maritza se encontró con La Colifata, una organización que trabaja desde la comunicación temas relacionados con la salud mental. Una de sus actividades es la realización de un programa radial con los internos de un hospital psiquiátrico. A ese programa llegó Mari y allí  afinó sus intuiciones sobre el poder del testimonio y de la palabra; y mientras participaba de este proceso algo le seguía hablando de sus raíces, de la necesidad de ejecutar y dinamizar proyectos en la comunidad en la que creció y, sobre todo, de la importancia de hablar del silencio.

Sincrónicamente, lo que pasaba en Colombia con acontecimientos como el plebiscito y todos los movimiento en torno a la implementación de los Acuerdos de Paz, le permitieron ver que algunas discusiones y testimonios silenciados ya podían, por lo menos, ponerse sobre la mesa. Ver en la escena pública aquello «de lo que no se hablaba antes», la llevó a moverse de la palabra y el testimonio como algo reparador a la idea de el silencio como cómplice, como dispositivo que ayuda a encubrir la violación sistemática de los derechos humanos, con un énfasis en las mujeres campesinas.

Por medio de la Fundación Karisma, con la que ha colaborado activamente, conoció una convocatoria de Internews para otorgar pequeñas becas a proyectos digitales. A ese momento, su tema de investigación para la maestría ya estaba avanzado, y en esta oportunidad Mari vio una disculpa para volver a El Silencio. No quería llegar con ideas directas sobre el feminismo, la revolución y la liberación, porque lamentablemente «llevarle esos cuentos» a las mujeres del campo puede terminar en una amenaza.  

Ancestra es una guía que nace con la intención de «difundir y conversar en torno a los derechos, posibilidades y recursos digitales disponibles en internet para potenciar el desarrollo emocional, físico, educativo, laboral, familiar y comunitario de mujeres campesinas». Es una guía  que invita a las mujeres campesinas, «llenas de saberes ancestrales e intuición» a conocer información básica sobre puntos digitales de orientación y datos de contacto para perder el miedo a internet y verlo como un medio para desarrollar el libre pensamiento y las emociones, motivando a las mujeres a cuidarse y a desarrollar iniciativas productivas, a participar como ciudadanas activas política, cultural y económicamente.

Hace algunos días, Maritza llegó con su cartilla a El Silencio, donde se encontró con un grupo de mujeres para escucharse, para conversar, para conocerse y ayudarse. Con la excusa de la presentación de la guía, que tiene licenciamiento Creative Commons (CC) para que se pueda compartir en cualquier rincón del mundo, se regalaron una tarde de palabra y de solidaridad, donde el tema central fue el cuidado de sí mismas.

Este fue un gran paso para un proyecto que apenas nace pero que espera ser semilla para hacer una cartografía del silencio, como lo nombra Mari, pues éste debe dejar de ser cómplice de las violaciones de los derechos de las mujeres, y esto sucede cuando emerge el testimonio, la palabra, cuando se vuelve algo colectivo, cuando se deja de callar lo que duele, lo que mata, lo que daña a las mujeres campesinas. El punto de partida ha sido su historia, pero el camino que quiere recorrer estará atravesado por muchos lugares del país que se llaman Silencio para las mujeres.

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