El impacto de los juguetes en las desigualdades entre mujeres y hombres

Por Sandra Valoyes Villa

La socialización que desde la infancia recibimos refuerza los roles y estereotipos de género, y estos se traducen en marcadas discriminaciones hacia las mujeres y en imposiciones hacia los hombres, por ejemplo, para el ejercicio de la violencia. ¿Queremos igualdad? Entonces empecemos por los juguetes que obsequiamos a niñas y niños en épocas como la navideña.

En Mujeres Confiar hemos hablado de las desigualdades, de las dificultades y las brechas que las mujeres hemos tenido para acceder a empleos mejor pagados o a profesiones y oficios que socialmente gozan de más prestigio y reconocimiento; hemos indagado sobre la economía del cuidado y la influencia de la maternidad en la recarga para la vida de las mujeres, que en muchas ocasiones se traduce en inconvenientes para llegar a la educación y al trabajo digno.

Para Patricia Uribe Neira, directora de la Corporación para la vida Mujeres que Crean, organización que impulsa la Escuela Violeta para la construcción de paz y equidad desde la niñez, los juguetes tienen una carga cultural simbólica que refuerza los roles tradicionales de género y eso se puede distinguir fácilmente al observar que mientras «las niñas reciben bebés, coches, cocinas y escobas, a los niños se les entregan balones, carros o juguetes bélicos, lo que reafirma la cultura existente» en la cual las mujeres deberán dedicarse al cuidado de otras personas y los hombres a desarrollar un rango más amplio de actividades y ejercer dominio sobre los demás.

Según Uribe Neira, continuar compartiendo este tipo de juguetes a niñas y niños es una contribución directa a la desigualdad, debido a que existen estudios que explican que «los niños pueden desplegar más fuerza porque los juegos que practican les permiten ir desarrollando una motricidad que después ayuda para la realización de un tipo de trabajo, entonces también el cuerpo ha estado dominado por el sistema patriarcal que niega o dificulta la posibilidad de adquirir aprendizajes a las mujeres».

Por ejemplo, desde sus 25 años Aura María Rendón Lopera empezó a hacer danza en la Corporación Cámara de Danza Comunidad, en los cuatro años de proceso de aprendizaje descubrió que la relación que había establecido con su cuerpo desde que era una niña fue influenciada por el tipo de juegos y juguetes con los que fue socializada: «Tenía mucho miedo a los balones, nunca practicaba deportes con estos, hacia otros más individuales como la gimnasia y la natación, entonces siento que eso me marcó, pues si yo hubiera nacido niño probablemente me hubieran enseñado a jugar fútbol, así que he venido trabajando en la danza este asunto, retándome ciertas actitudes y transformando esos miedos».

El caso de Diana Arias Cano es distinto, siendo muy pequeña, en una navidad recibió de su padre un carrito buggy amarillo de pilas y cuando le preguntaban el motivo por el cual escogió ese regalo, él respondía que ella debía tenerlo para jugar con sus hermanos y amigos, la anécdota al parecer simple es recordada por Diana como un mensaje que le permitió desde muy niña tener la idea que podía hacer y tener las mismas oportunidades que los chicos, ella aprendió a conducir desde los 23 años de edad.

Muñecas para posibilitar identificación y cuestionar estereotipos

Aunque el significado de las muñecas depende de la cultura y el momento histórico, las muñecas diseñadas para el juego, son quizá el objeto más compartido a las niñas. Para evitar el reforzamiento de estereotipos, se recomienda que en lugar de obsequiar bebés o las típicas Barbies, se compartan otro tipo de referentes que permitan a las niñas explorar muchas maneras de ser mujeres.

En el documental Miss Representation dirigido por Jennifer Siebel, se explica que en Estados Unidos «un 53% de las adolescentes de 13 años de edad, no les gusta su cuerpo» y esa percepción aumenta a «un 78% a los 17 años», esto se debe a que las representaciones construidas y compartidas sobre las mujeres, están formadas en los estereotipos de la belleza femenina asociados a los cuerpos blancos y utra-delgados, lo que incide en la salud física y mental de las jóvenes que buscan parecerse a ese modelo propuesto por el mercado.

La opción para cuestionar estos estereotipos será elegir muñecas sin maquillajes, de distintos tamaños de cuerpo, colores de piel e incluso con discapacidades, para que se pueda generar mayor empatía por las diversidad de lo que somos como mujeres. En Colombia, la poeta Mary Grueso Romero, luego de escribir su cuento La muñeca negra, alcanzó tal aceptación que debió desarrollar una línea de muñecas para la venta. Además del color de la piel, Dollversity propone una línea de muñecas y muñecos con la posibilidad de romper estereotipos también en las profesiones, promoviendo muñecas astronautas, ingenieras de sistemas, futbolistas y muñecas buzos.

Juguetes para ser lo que se quiera ser

Las niñas tendrán la oportunidad de normalizar el hecho de que pueden manejar autos, aviones o lo que quieran, si ven este tipo de referentes en su vida cotidiana, no solo con ejemplos reales proporcionados por la familia o los medios de comunicación sino con las posibilidades que el juguete y el juego representan en la recreación. Para lograrlo en lugar de una cocina o un tocador, se puede pensar en un instrumento musical, una sala de cirugías o un lego para construir edificios.

Y si en casa hay niños y niñas, será interesante que todos los juguetes estén en un mismo lugar para el uso de ellos y ellas, de manera que puedan elegir el juguete que deseen. Las experiencias sobre este ejercicio han permitido que en la infancia «se exploren otras formas con las que se haya estado con menos contacto, con lo cual se promueve la igualdad y sobretodo la integralidad en las capacidades», dice Patricia Uribe Neira.

Recomendamos leer este artículo relacionado:

 

Deja un comentario

Close Menu