Ética y género: dos retos de Verónica Botero Fernández, la nueva decana de la Facultad de Minas de la Universidad Nacional sede Medellín

Fotografía: Jorge Escobar Alvarez

Por Sandra Valoyes Villa

En 131 años de historia de la Facultad de Minas de la Universidad Nacional de Colombia, es la primera vez que es elegida una mujer para dirigirla. Uno de los grandes retos que la nueva decana se plantea es desarrollar propuestas en donde las mujeres tengan más acceso a los programas, a la titularidad en la docencia y a los cargos de decisión.

Verónica Botero Fernández es ingeniera civil, con una maestría en Cartografía Geológica y un doctorado en Geomática de la Universidad de Utrecht. Desde el año 2001 está vinculada a la Universidad Nacional de Colombia como docente del departamento de Geociencias y Medio ambiente. Ha sido vicedecana, directora de departamento, de área, de investigación y extensión. Actualmente es la representante profesoral ante el observatorio de asuntos de género y a su llegada a la decanatura de la Facultad de Minas, adicional a las acciones propias del funcionamiento interno de la institución y el relacionamiento con las comunidades, se propone generar un balance en la participación entre mujeres y hombres.

Una de las motivaciones que la llevó a postularse para este cargo fue precisamente ver que en la centenaria vida de la Facultad, no se registra una mujer elegida como decana. Y en el proceso electoral, tanto el personal docente, como de estudiantes y egresados, apoyaron su propuesta, dando como resultado una votación superior frente a los otros dos candidatos varones que estaban en el mismo proceso. Así, Verónica Botero Fernández, ingresa a la historia de la Facultad, tal y como lo hicieron Sonny Jiménez de Tejada al convertirse en la primera egresada de ingeniería en Colombia en 1946 y en 1998 Norma Lucía Botero Muñoz, quien fuera la primera profesora titular.
«Hay una cantidad de precursoras y creo que el estar aquí hoy es gracias a ellas que empezaron a labrar ese camino; sin embargo, esas mujeres nunca llegaron a cargos directivos altos», expresa la decana, quien considera que el tema de género ha estado olvidado en la Facultad.
La nueva decana llega marcando la diferencia, en especial al reconocer que el estado actual de la Facultad es de «una discriminación sutil» que se debe intervenir, pues como ella misma lo relata «se dice que todas las reglas son iguales, el examen de admisión, el estatuto docente, que no se discrimina por género, pero que la norma sea igual no significa que funcione igual para todo el mundo».
Así, se plantea algunas preguntas que pretende, a manera de reto, explorar y profundizar para poder generar transformaciones, que redunden en ofrecer mejores profesionales y seres humanos a esta sociedad. Su primera inquietud gira alrededor del ingreso de las mujeres a la universidad, ya que como lo presenta en cifras «a principios del siglo XXI, el 43% de las personas admitidas eran mujeres, hoy son el 37%, entonces tenemos que preguntarnos por qué están accediendo menos mujeres a la universidad pública».
El acceso de las mujeres a la planta docente también es un tema que la preocupa, pues las profesoras sólo llegan al 19% en su facultad y cuando se revisa la relación entre el número de docentes asociados y titulares «para el caso de los hombres hay tres asociados por cada titular, mientras que para el caso de las mujeres hay siete asociadas por cada titular; entonces ¿por qué el acceso de las mujeres a la titularidad es más limitado que el de los hombres si las reglas son iguales?» se pregunta la doctora Botero Fernández.

Fotografía: Jorge Escobar Alvarez

La decana de Minas tiene, además de inquietudes, diversas propuestas: «quiero que en la Facultad hablemos de género, y para esto es necesario revisar las convocatorias y ver qué acciones afirmativas implementar, porque es importante que tengamos más mujeres aquí. Obliguémonos a que en los comités y en todos los espacios decisorios haya mujeres». Y lo dice categóricamente, ya que recuerda la imagen de la última ceremonia de graduación en la que encontró una mesa directiva compuesta solamente por hombres. Bajo este escenario Botero Fernández sostiene que «si la mitad de las graduandas eran mujeres y en la mesa principal no había una sola mujer, ¿qué clase de mensaje le estamos enviando a la sociedad? Así que esto no vuelve a pasar, por lo menos mientras yo sea decana».
Un desafío adicional, no menor, es construir alternativas para la prevención, atención y erradicación del acoso en el ámbito académico, un tema del que se está hablando en el país y en América Latina, a raíz de denuncias públicas que docentes y estudiantes han elevado en distintas instituciones de educación superior. Frente a este problema de desigualdad, poder y violencia, la doctora Botero Fernández considera que lo primero que se debe hacer es educar a la comunidad académica y por ello propone hacer una campaña «para que conozcamos qué es el acoso, hablemos del tema y creemos espacios seguros, lugares donde una mujer estudiante o un estudiante con una orientación sexual diversa pueda acercarse y hacer la denuncia, unas oficinas de prevención donde se hagan programas de capacitación, donde se promueva la información y el acompañamiento en la aplicación de protocolos de atención a la violencia de género».

Otros retos

Adicional al gran desafío que implica la construcción de ambientes educativos para la equidad de género y cortar las barreras que impiden a las mujeres su desarrollo en las áreas de la ingeniería, Verónica Botero Fernández cree que frente a los recientes acontecimientos mediatizados de obras fracasadas que han venido cuestionado la ética profesional, «la facultad tiene que pronunciarse y generar espacios de reflexión, porque más allá de las bases de la ingeniería, el problema es de una sociedad que ha sido permeada por una cantidad de prácticas que han hecho que cambiemos los valores y que primen otros intereses antes que el bienestar general, entonces en la universidad hay que hablar del tema ético en ingeniería».
También considera que es necesario que la universidad y la Facultad continúen estrechando lazos con las comunidades y que sean reconocidas «como agentes de transformación y conocimiento de la región, por lo que hay que seguir en la línea de la visibilidad y de la participación en la solución de problemas regionales, locales y nacionales que requiere la sociedad actual».

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