Manos que tejen el mundo

Foto: elobservador.com.uy

«Manos de mujeres que han parido la verdad,

manos de colores, aplaudiendo algún cantar»

Manos de mujeres, Martha Gómez.

Por Laura Aguilar Arias

El tejido ha estado ligado a la historia de las culturas indígenas como columna vertebral de las mismas. En tela, en hilo o en chaquiras, las indígenas han encontrado en este arte, la manera de contar y salvaguardar su historia en un lenguaje que aunque bello, pocos llegan a comprender.

Y es que la práctica del tejido es ancestral. Podría decirse de cada comunidad indígena en cualquier lugar del mundo, tiene la historia de un tejido como pilar fundamental de su cosmogonía. En telar, a mano, usando hilos, cabuya o chaquiras, el tejido además de suplir alguna necesidad vital como el vestido o el almacenamiento y transporte de alimentos, es una expresión artística, un conocimiento que se ha transmitido de generación en generación y que da cuenta de la visión del universo de cada pueblo indígena y también de los recursos con los que cuenta, de las cosmogonías que han construido, de los caminos que han tenido que recorrer: los tejidos que alguna vez se hicieron con semillas, dientes y pedazos de hueso de animal, ahora se hacen con chaquiras, por ejemplo, gracias a la llegada de nuevos recursos y de la interacción con otras culturas.

Según Ximena Hoyos Mazuera, profesora de la Escuela de lenguaje e integrante del grupo de investigación sobre literaturas indígenas de la Universidad del Valle, al no tener un sistema de escritura como el que conocemos para narrar su historia, desde muy temprano los indígenas usaron sus tejidos para hacerlo:«El tejido como un libro, allí están escritas las historias, lo que pasa es que no están escritas con el sistema alfabético al que estamos acostumbrados», es por eso que cada tejido tiene un diseño único. La profesora Ximena señala que una mujer puede narrar una historia a sus hijos a partir de un tejido, cada símbolo, cada color, cada puntada, da cuenta de un personaje, un lugar o una acción, construyendo así una historia completa «con trama, protagonista y desenlace. Por eso, porque cada pieza artesanal cuenta una historia, es que es tan importante conservar la tradición de elaboración tal y como la hacen los pueblos [indígenas]»

Tradicionalmente, son las mujeres quienes se ocupan del oficio del tejido, esto tiene una íntima relación con la visión de la mujer como tejedora de los símbolos de la vida y el pensamiento, y de la relación madre mujer- madre naturaleza.

En algunos casos los hombres participan construyendo piezas adicionales que complementan. Es el caso, por ejemplo, de la mochila Wayúu, en la que son los hombres quienes tejen la «gaza», que es la cargadera que las mujeres cosen a la mochila y que sirve para portarla.

«Mientras todos están descansando de sus labores diarias, incluyendo a la mujer, ella no se va a la cama, se queda tejiendo. O se levanta muy temprano para realizar esta actividad es un esfuerzo por conservar las prácticas milenarias y además, para contribuir a la economía del hogar», asegura Angelina Aspuac, indígena Maya guatemalteca integrante de AFEDES, Asociación femenina para el desarrollo de Sacatepéquez, y quien lidera acciones legales para evitar que las grandes marcas y diseñadores, se lleven las prendas artesanales Maya sin pagar el precio justo y sin dar los créditos por la piezas. Una lucha que han mantenido por años y que se replica cada vez con más frecuencia en muchos lugares de latinoamérica y el mundo.

Pero, ¿qué historias cuentan estos tejidos? ¿Qué significan sus colores y sus trazos? Veamos algunos ejemplos:

Molas:

Los diseños de las molas de protección, considerados como las formas de la escritura Gunadule que enseñan la forma correcta de vivir, son trece y según la cultura Gunadule, están organizadas como un gran escudo de protección, porque esa es su principal función, proteger a las mujeres, que a su vez son las protectoras de la cultura y de la sociedad. Las molas, asemejándose a las capas que deben recorrer los neles para adquirir el conocimiento, pueden ser diferenciadas en dos tipos de diseño: las molas «naga» que con formas geométricas forman elementos de la naturaleza son las que protegen a las mujeres Gunadule, quienes las adhieren a su vestuario, y las molas «goaniggadi» en las que se retratan la cotidianidad de esta comunidad.

Imagen: Banco de la República

Artesanías con chaquiras [pueblo Emberá]

La vestimenta de los Emberá es particular, a través de las prendas y particularmente de sus accesorios, cuentan historias. Con dientes de mono, huesos y semillas realizaban collares, pulseras y apliques, que fueron suplantando con chaquiras de plástico o fibra de vidrio y colores vivos.

Hay accesorios creados para el matrimonio, el nacimiento o un entierro. En los niños se colocan collares negros y rojos y pulseras en la pierna izquierda para el mal de ojo, que deben estar bendecidos para que surtan efecto. Los jóvenes usan pulseras en el brazo derecho si son solteros y en el izquierdo si están comprometidos.

Se combinan chaquiras de diferentes tamaños y colores con los que producen diseños que representan conceptos relacionados con sus creencias y tradiciones.

Imagen: pueblosoriginarios.com
Okama ("Camino que recorre el cuello").Collar que concede distinción a la mujer que lo porta, contando su historia y rol en la comunidad.Las niñas los usan pequeños, y las mujeres grandes en relación a lo que han vivido. Foto: Artesanías de Colombia

Tejido Wayúu

«Érase una vez una araña conocida como Walekerü, que tejía a escondidas bajo la luz de la luna fajas y mochilas. Una noche, una niña se le acercó para alabar su destreza con el hilo. La araña, conmovida, se ofreció a enseñarle su más preciado tesoro: el arte de tejer. Durante varias lunas, la niña tejió sin parar hasta alcanzar la habilidad de reproducir el arte de su maestra, la araña. Cuando la niña llegó a la edad adulta, con su primera menstruación, la araña despareció entre las ramas de un árbol, dejando como herencia la técnica del Wayúu». Historia Wayúu acerca del nacimiento de su tejido.

Esa es la historia de cómo las mujeres Wayúu aprendieron a tener. Sus tejidos están presentes en piezas utilitarias de su vida cotidiana: redes de pesca, mantas, mochilas y hamacas. El hecho de tejer está relacionado con el linaje de la familia y su prestigio. Cuanto más habilidades muestren las mujeres con los tejidos, más prestigio tendrán dentro del clan ya que son una manera de demostrar al mundo su creatividad, conocimiento y sabiduría. Los Wayúu son reservados y celosos de transmitir su conocimiento a quienes no pertenecen a la tribu. La técnica es poco conocida más allá de los miembros de la familia. Las mujeres tejen en sus ratos libres, cuando reciben una visita o viajan.

Para las piezas más grandes, como mantas y hamacas, se usa un telar llamado Anütpala, para las mochilas se usa croché, que fue introducido por las monjas españolas. La elaboración de un bolso pequeño puedes tardarse hasta 25 días.

Fuente: https://bycousinas.com/los-tejidos-wayuu/

Tejidos que salvan vidas

Aunque en muchos casos los tejidos también son usados en rituales de sanación o como parte del tratamiento, es el caso de las pulseras en rojo y negro para los bebés Emberá, el cinturón de chumbe para las mujeres Nasa después del parto para recuperar la fuerza o el de los cinturones de protección durante el embarazo para las mujeres Kuna, el caso de las tejedoras Aymara en Bolivia, merece especial atención.

Franz Freudenthal Tichauer es un cardiólogo pediatra que ha revolucionado el mundo médico utilizando técnicas artesanales. Inspirado desde muy joven por su abuela, médica alemana, cuando comenzó sus estudios ideó un dispositivo para corregir un defecto congénito llamado «persistencia del ductus arterioso», en el que existe un agujero comunicando la aorta y la arteria pulmonar, haciendo que el niño tenga problemas para respirar y muera.

El dispositivo no solo es fabricado con un material especial, el nitinol, una aleación de niquel y titanio que no se corroe y tiene memoria (recupera su forma original), sino que también es extremadamente pequeño (apenas unos milímetros) y debe ser hecho de manera continua con un solo hilo, sin soldaduras.

Estas características implican que no existe máquina alguna para crearlos. Así que en su lugar el doctor volteó la mirada a las indígenas aymara, cuyas habilidades de tejido son legendarias. Estas mujeres fabrican a mano cada uno de estos dispositivos salvavidas con una increíble habilidad, dándoles una nueva oportunidad en la vida a miles de niños, tanto en Bolivia como alrededor del mundo.

Comprender el tejido indígena trasciende por mucho lo estético. La historia de esta práctica en las comunidades indígenas está tan íntimamente ligada con su historia y tradición, que los estudios que se han hecho al respecto son apenas un acercamiento. Cada creación es única, narra una historia particular que va desde lo cotidiano hasta las interpretaciones del universo, de sus dioses, de su cosmogonía. Cada pueblo lucha con la «modernización», la apropiación irresponsable y la disminución de su población, para que no se pierdan sus tradiciones centenarias. Ya que esta sea tal vez la manera más segura de preservar su memoria, de documentar su historia, de narrar su paso por esta tierra. 

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