Neoliberalismo, ideas conservadoras y feminicidios

Por Observatorio Feminicidios Colombia - Red Feminista Antimilitarista

Columnista invitada

El Observatorio Feminicidios Colombia es un sistema de información de la Red Feminista Antimilitarista que, a partir de la prensa local, regional y nacional, rastrea casos de feminicidio y violencias contra las mujeres en el conjunto nacional colombiano. A través del registro de casos, buscan producir conocimiento y análisis territoriales, que se conviertan en herramientas de presión al Estado y de acción feminista permanente, que contrarreste la violencia patriarcal contra las mujeres y genere incidencia en los diversos formadores de opinión y en el sistema de justicia del país. Mediante herramientas pedagógicas generan estrategias efectivas para prevenir la violencia feminicida y la violencia sexual, así como lograr un panorama general no sólo de la violencia  feminicida sino de las acciones territoriales de grupos feministas, de jóvenes y organizaciones sociales en su lucha por despatriarcalizar la sociedad.

La violencia patriarcal, es decir, la violencia misógina y homofóbica de esta plena modernidad tardía —nuestra era de los derechos humanos y de la ONU— se revela precisamente como síntoma, al expandirse sin freno a pesar de las grandes victorias obtenidas en el campo de la letra, porque en ella se expresa de manera perfecta, con grafía impecable y claramente legible el arbitrio creciente de un mundo marcado por la «dueñidad», una nueva forma de señorío resultante de la aceleración de la concentración y de la expansión de una esfera de control de la vida que describo sin dudarlo como paraestatal (…)

Rita Segato

Este artículo tiene como propósito sustentar cómo la violencia contra las mujeres en Antioquia no sólo está adscrita a su condición de género, sino cómo en contextos económicos de mercado y de servicios se agudizan las relaciones de explotación hacia las niñas y las mujeres, y cómo la reacción frente a la violencia patriarcal es cooptada por tendencias políticas conservadoras que la explican como un efecto de la debilidad de la familia heterosexual y de los valores conservadores, que no son más que los sustentos del sistema patriarcal.

En Colombia, el neoliberalismo en la vida de las mujeres trabajadoras ha tenido efectos nefastos. Por un lado, la crisis de la industria textil en Antioquia y la gran competencia con las mercancías chinas ha generado que la mano de obra femenina sea cada más pauperizada: mayores horas de trabajos por menos salario. Simultáneamente, al trabajo asalariado se le suma el trabajo reproductivo. A pesar de los esfuerzos del feminismo para ganar en autonomía económica, ésta no mejoró las condiciones de calidad y bienestar  de las mujeres pobres. Como lo afirma Federici, las relaciones de dominación de hombres sobre las mujeres no cambiaron porque las mujeres se convirtieran en asalariadas, muy por el contrario, la explotación que se basaba en su condición de mujer ahora tendrá una doble carga: ser explotada en su hogar desde la gratuidad de su trabajo reproductivo y ser explotada en el mundo laboral, capitalista y misógino.

Estamos en un periodo en el cual se está desarrollando un nuevo tipo de patriarcado en el cual las mujeres no son solo amas de casa, sino también en el que los valores y las estructuras sociales tradicionales aún no han sido cambiados. Por ejemplo, hoy muchas mujeres trabajan fuera de la casa, muchas veces en condiciones precarias, lo que supone una pequeña fuente de mayor autonomía. Sin embargo, los lugares de trabajo asalariado no han sido cambiados, por tanto, ese trabajo asalariado significa adaptarse a un régimen que está construido pensado en el trabajo tradicional masculino: las horas de trabajo no son flexibles, los centros de trabajo no han incluido lugares para el cuidado, como guarderías, y no se ha pensado formas para que hombres y mujeres concilien producción y reproducción. Es un nuevo patriarcado en el que las mujeres deben ser dos cosas: productoras y reproductoras al mismo tiempo, una espiral que acaba consumiendo toda la vida de las mujeres. (Federici: 2004)

El neoliberalismo agudiza la condición de explotación de las mujeres en todos los ámbitos. En el mundo del trabajo, se enfrentan a la flexibilización laboral y a largas horas de trabajo, pero el trabajo reproductivo continúa siendo su responsabilidad en un 100 por ciento y no sólo se hace referencia a la cocción de alimentos, sino también al cuidado y la crianza de hijos e hijas.

Es precisamente en este punto donde es posible explicar cómo se imbrican modelo económico de acumulación y retoma de ideas conservadoras y religiosas en el Estado, con el único propósito de mantener a la mitad de la humanidad bajo condiciones de dominación y explotación.

La pregunta que se impone en este momento es: por qué razón y a partir de qué evidencias los think-tanks del Norte geopolítico parecen haber concluido que la fase actual demanda mudar el rumbo de la década anterior, en la que endosaron un multiculturalismo destinado a originar élites minoritarias —de negros, de mujeres, de hispánicos, de LGBTs, etc.— sin modificar los procesos de generación de riqueza, ni los patrones de acumulación / concentración y, por consiguiente, sin alterar el creciente abismo entre pobres y ricos en el mundo. En otras palabras, si la década benigna de la «democracia multicultural» no afectaba la máquina capitalista, sino que producía nuevas élites y nuevos consumidores, ¿por qué ahora se hace necesario abolirla y decretar un nuevo tiempo de moralismo cristiano familista, sospechosamente afín a los belicismos plantados por los fundamentalismos monoteístas de otras regiones del mundo? Probablemente porque si bien el multiculturalismo no erosionó las bases de la acumulación capitalista, sí amenazó con corroer el fundamento de las relaciones de género, y nuestros antagonistas de proyecto histórico descubrieron, inclusive antes que muchos de nosotros, que el pilar, cimiento y pedagogía de todo poder, por la profundidad histórica que lo torna fundacional y por la actualización constante de su estructura, es el patriarcado. (Segato: 2016, pg 16)

En esta afirmación entendemos que la explotación de la mitad de la humanidad y la violencia ejercida sobre sus cuerpos son funcionales a una nueva forma patriarcal, donde una parte privilegiada de hombres quieren explotar al extremo los cuerpos feminizados, valiéndose de la lógica neoliberal donde la acumulación excesiva de dinero es lo fundamental. Esta explotación se ejerce en dos vías: la primera, desde el trabajo asalariado e incluso desde el trabajo informal, la segunda, que representa una rentabilidad desbordante, son el trabajo y la explotación sexual.  Para que esta explotación suceda previamente, las sociedades fueron seriamente afectadas en sus valores culturales para romper con el cuidado de sí, de los demás y de la indignación frente a actos que rompen con pactos éticos colectivos.

En el caso de Medellín, esas transformaciones se dieron entre mafia, paramilitarismo, tradición, conservadurismo y dinero del narcotráfico: la venta de las niñas al trabajo sexual, el consentimiento silencioso del abuso sexual por parte del proveedor al interior de las familias, la aceptación de noviazgos de las hijas con hombres en armas por el beneficio económico que aunque mínimo se considera suficiente. Todas estas serias transformaciones las sufren aún más las poblaciones más despojadas del bienestar que se aferran a los medios exteriores que ofrecen mínima y misérrima sobrevivencia.

 

Es así  como los feminicidios no corresponden sólo a una condición de género, sino a una condición de clase agudizada por contextos de control y militarización que reducen a lo más profundo la disminución de las mujeres, que ya opera con el patriarcado pero que en tiempos de mercados termina siendo un objeto desechable.

Estos factores agudizan la violencia contra las mujeres y facilita los feminicidios en ciudades cuyo contexto está dominado por prácticas culturales, propicias a avivar la naturalización de las relaciones de jerarquización heredadas del colonialismo y tecnificadas en la modernidad.

Es así como la teoría feminista latinoamericana ha tenido que ampliar su esfera analítica para comprender cómo en contextos neoliberales, mafiosos y militarizados, se tecnifica la violencia contra niñas y mujeres.  Esta se expresa en una guerra de baja intensidad (Segato:2016) donde la violencia en todas sus formas es la demostración del poder patriarcal, para evitar por todos los medios una liberación total de las mujeres, este análisis se sustenta en la creciente crueldad con la que se cometen los actos feminicidas.

En medio de esta creciente violencia, algunas tendencias políticas conservadoras han aprovechado la oportunidad de revivir agendas que parecían ancladas en el pasado, agendas que de nuevo se posicionan desde una pérdida de valores de las familias, concretamente de las mujeres, y que alegan el abandono de su papel de cuidadoras y su extremada liberación, y abogan por volver a un modelo familiarista sostenido sobre los hombros de las mujeres, quienes nunca debieron abandonar su rol natural de mujeres sutiles, amorosas, sumisas, esposas y madres.

Esta concepción, sumada a los llamados a movilizarse en contra de hombres pervertidos que deben morir, tiene una clara intención política: individualizar la violencia contra niñas y mujeres y marginalizar la teoría y la acción feminista que ha luchado constantemente no solo por judicializar individuos sino por modificar el poder patriarcal que genera desigualdad, dominación y explotación.

Hoy más que nunca es urgente ampliar la comprensión de los feminicidios en una dimensión estructural donde se pretende preservar el poder hegemónico patriarcal, a costa de los avances que la mitad de la humanidad ha hecho por accionar y desnaturalizar la desigualdad impuesta a las mujeres.

Los llamados constantes a comprender la violencia contra las mujeres en una matriz familiarista generan repercusiones nefastas en la forma tan pasiva como la sociedad de Medellín reacciona a los feminicidios y cómo tiende a frenar los avances que en materia de derechos las mujeres hemos obtenido:

La pedagogía masculina y su mandato se transforman en pedagogía de la crueldad, funcional a la codicia expropiadora, porque la repetición de la escena violenta produce un efecto de normalización de un pasaje de crueldad y, con esto, promueve en la gente los bajos umbrales de empatía indispensables para la empresa predadora —como Andy Warhol alguna vez dijo en una de sus célebres citas: the more you look at the same exact thing, the more the meaning goes away, and the better and emptier you feel (Mientras más observas algo, más se pierde su significado, y mejor y más vacío te sientes)—. La crueldad habitual es directamente proporcional al aislamiento de los ciudadanos mediante su desensitización. (Segato: 2016, pg 21)

Desde el Observatorio Feminicidios Colombia pretendemos continuar explicando y promoviendo el accionar feminista en defensa de la liberación del orden patriarcal, que hoy ha declarado una guerra contra las mujeres como mensaje de terror para frenar la transformación de las sociedades.

Cada feminicidio ocurrido en la ciudad de Medellín no corresponde, como se afirma desde algunos análisis a reacciones violentas aisladas, a hombres celosos o posesivos, sino a una agudización de la defensa patriarcal por evitar la liberación de las mujeres.

En esto no basta que las feministas continuemos sólo con la bandera de igualdad e inclusión. Hoy más que nunca la triada neoliberalismo, conservadurismo y feminicidios exige comprender que es necesario tener poder y tener poder en las instituciones del Estado para enfrentar la naturalización del sistema patriarcal y la permanencia del capitalismo neoliberal feminicida.

Descargue aquí el informe sobre feminicidios en Medellín 2017.  

Bibliografía

Silvia Federici: "Es un engaño que el trabajo asalariado sea la clave para liberar a las mujeres". En: http://www.eldiario.es/economia/engano-trabajo-asalariado-liberar-mujeres_0_262823964.html. Consultado 1 de octubre del 2017.

Rita Segato: La guerra contra las mujeres. Traficantes de sueños,  Madrid, 2016.

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