Por un movimiento pélvico revolucionario que libere al clítoris

Ante las imposiciones culturales que han generado por siglos sensaciones de temor, asco y negación sobre el conocimiento del cuerpo femenino, la historiadora y feminista Elena Román, invita a configurar un nuevo lenguaje erótico y una dignidad para liberar al clítoris del patriarcado. Una columna propuesta a propósito de la celebración del día del orgasmo femenino (8 de agosto).

Por Elena Román
Columnista invitada

Inicialmente quisiera aclarar que este articulo esta dirigido a las mujeres heterosexuales, queda pendiente escribir uno en clave lésbica, sería una posibilidad de contrastes, de preguntas y de historias.

En la actualidad la información sobre sexo, pornografía, juguetes, tríos, orgias, no parece ser un tema ajeno a una generación de hombres y mujeres jóvenes, que sin mayores activismos políticos lograron superar una sociedad mojigata en cuanto a las prácticas sexuales. Sin embargo, los mitos sobre los cuerpos de las mujeres que son los que sostienen el constructo cultural del patriarcado siguen intactos e incluso me atrevería a decir que hoy los cuerpos feminizados cargan con una profunda misoginia social y política.

Frente a esta realidad, también emergen otras un poco más marginales pero que en medio de la aparente libertad promovida por el mercado podríamos pensar en abrir nuestra boca erótica cargada de tantos placeres para sobreponerles el goce, los orgasmos y las buenas amancias. Es, como dirían algunas libertinas el arte de tocar, de sentir y de venirse una y otra vez entre cuerpos liberados y menos capturados por el patriarcado.

Comencemos con nuestra vulva y todo lo que aún no se explora de ella, sus pliegues, sus labios, sus centros nerviosos, sus cavidades, los pliegues clitorianos y por supuesto el órgano mayor, el que han perseguido por siglos, el que han querido mutilar, cortar y desaparecer, porque su función única es el placer. ¿Se imaginan si nos dedicáramos permanentemente a frotarlo y enseñar el arte de tocar el clítoris, de explorarlo para descubrir sus ocho mil terminaciones nerviosas? ¿A dónde se irían las políticas sexuales de la penetración como el eje central del placer? Estarían en un plano secundario y complementario para aumentar el goce. No sería el mundo del pene, sino, del clítoris. O ¿Por qué no? de un mundo sexual para ambos sin jerarquías y subordinación del uno y del otro.

Lo que es real es que se nos ha impuesto por siglos sensaciones de temor, de asco, de negación para conocernos y reconocernos una y otra vez con nuestra vulva y cada parte de ella. Por ello configurar un nuevo lenguaje erótico y dignidad sobre ella es tal vez un paso más en la lucha por liberar al clítoris y en general a toda nuestra VULVA del patriarcado.

El placer prohibido a nuestra vulva tal vez ha sido el triunfo más grande que se ha abonado el patriarcado y el capitalismo: despojarnos de nuestros cuerpos y luego reducirlo a un cuerpo capturado en la reproducción y el trabajo, donde el sexo se traduce en dolor, en obligación, en deber, en institución matrimonial.

Lo que menos sabemos a los doce años es que la sexualidad está ligada íntimamente a un ORGASMO y no a un embarazo. El embarazo pasa a ser la palabra clave en nuestra edad adolescente y juvenil, para castrar cualquier signo de humedad y de deseo que nos trae el maravilloso desarrollo de nuestras hormonas, desconociendo que, desear es sinónimo de salud, de tener un cuerpo listo para suspirar y no solo para padecer.

Contrario a estas definiciones, tener sexo es sinónimo de humedad, de irrigación, de desborde, de estimulación, de autoconocimiento; lo sabríamos si tuviéramos la oportunidad generalizada de tener una habitación propia, un baño o una terraza, para invertir horas diarias en la exploración de nuestro cuerpo, para tocarlo, para tomar un espejo y ver nuestra vagina, dibujar cada pliegue del centro nervioso encargado de proveernos simplemente goce.

Ese goce nos lleva a movimientos nunca imaginados, a esos que derriban las dictaduras impuestas a nuestro cuerpo. El goce de nuestro clítoris, genera movimientos pélvicos profundos, circulares, lineales, parabólicos, en caída libre, en estado de gravedad, movimientos de frotación y hasta de flotación. Flotar, no pensar, no cargar ni media palabra de los relatos religiosos y conservadores, desprenderse y reconciliarnos con ella y todas sus partes, con sus olores, con sus contradicciones, con sus ricos sabores y la inmensa variedad de texturas de los fluidos: acuosos, ligeros, pegajosos. Conocer cada nivel de las sensaciones para darles ritmos múltiples a su estimulación, para exigir dedos diestros, una lengua sin tapujos y un cerebro liberado de los mitos despectivos sobre la vagina.

Todo esto sería posible si existiera el TIEMPO DE LA CONTEMPLACIÓN, el que una sociedad acepta como el tiempo vital para romper con el aburrido mandato religioso, que afirma que cuando una está desocupada debe rezar o trabajar, para no tener malos pensamientos. Que no son sino la negación de las adorables ideas con las cuales nos tocaríamos, nos masturbaríamos para luego acudir a encuentros sexuales, menos obligados, menos consumidores y más placenteros. Aprenderíamos a exigir gemidos y una sudada rica, sin tener que invertir tanto en la industria sexual cuyo slogan es salir de la monotonía a través de juguetes, que de fondo no adjudican a los amantes ocasionales o compañeros permanentes una destreza para manejarlos y no traen el manual para realmente conocer el magnífico mundo de la vulva.

Lo que es cierto es que aprender a descubrir nuestra vulva y devolvernos a reconciliarnos con todo lo que la compone, sería lo más revolucionario que en tiempos oscuros debemos hacer para ayudar a liberar a nuestro clítoris de las toscas manos y las estáticas lenguas.

Gloria Elena Castaño Román, Elena Román, es historiadora con una especialización en Epistemologías del Sur de El Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO). Es activista feminista e integrante de la Red Feminista Antimilitarista. Actualmente coordina el Observatorio de Feminicidios en Colombia.

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  1. Hermoso.. gracias hermana

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