Queridas, todas

A manera de carta Ana María Henao Buitrago, escribe esta columna de opinión. La carta es el dispositivo que posibilita Queridas, todas, una invitación a escribir, a leer y escuchar las huellas dejadas por la violencia sexual. Con esta propuesta, además de visibilizar y denunciar el tema, se pretende generar un primer paso para impedir que esta violencia contra los cuerpos de las mujeres se siga reproduciendo.

Medellín, 21 de noviembre de 2018

Queridas, todas.

El 25 de mayo de 2017 escribí una carta donde invitaba a las mujeres a escribir desde su propia voz, sobre las huellas, las emociones, los efectos y los recuerdos que dejó la violencia sexual en sus cuerpos.

Ese día nació Queridas, todas, una iniciativa que surge de la necesidad de nombrar en nuestros espacios cercanos los abusos cometidos contra nuestros cuerpos, que surgió de un intercambio epistolar y se inspira en la correspondencia recibida por 19 mujeres y un hombre. Esta idea cobra fuerza al encontrar una serie de silencios que no solo se refieren a la posibilidad de hablar, sino también de encontrar espacios que permitan narrar en libertad, con la propia voz.

Hoy vuelvo a escribirles para contarles algunas de mis reflexiones después de leer las cartas y que quedaron condensadas en el gesto artístico, que como respuesta a las mujeres que escribieron, también las propongo como invitación al encuentro de otras personas con nuestras historias.

En las cartas encontré cómo el abuso sexual es una forma de violencia que fractura la vida de mujeres y hombres y que ha sido silenciada generación tras generación. Esta forma de violencia sucede con frecuencia, pero poco se habla de ella en espacios familiares, escolares o de la vida cotidiana.

Por eso Queridas, todas es un conjunto de manifiestos por la memoria, donde los relatos dan cuenta de una experiencia vital, que emergen de la voz propia de cada mujer y se van enlazado con las historias de otras mujeres. Este trabajo tiene el objetivo de visibilizar y denunciar, pero a la vez de comprender y resignificar la memoria sobre el abuso sexual en la vida de las mujeres; y surgió de las preguntas sobre ¿Por qué nos cuesta hablar sobre la violencia sexual? ¿Qué procesos sociales alientan estos silencios y qué miedos los sostienen?

En sus narraciones, las mujeres presentan la casa y la calle como los escenarios del horror, donde se presenta el abuso sexual y también al cuerpo como el primer lugar que es afectado por la violencia sexual.

La casa no solo abarca su infraestructura o la disposición de los espacios, también se conforma por las personas que la habitan y las relaciones que se tejen entre ellas. En esta vía, en las narraciones las mujeres relatan que quienes cometen el abuso sexual hacen parte de los entornos familiares o vecinales que habitan o transitan en sus casas. Quienes violentan el cuerpo de mujeres y niñas a partir de la violencia son sus parejas, sus padres, hermanos, los esposos de sus madres, los tíos, los primos o quienes ocupan un lugar cercano a sus familias.

En las narraciones de Queridas, todas se encuentra cómo la calle es un lugar donde prolifera el miedo por el acoso continuo al que las mujeres se ven sometidas, los cambios que estos espacios experimentan en las noches y los peligros que representan para las mujeres.

En muchos de los relatos de Queridas, todas se describe cómo el acoso callejero se convierte en un refuerzo al dominio masculino sobre la calle. En las cartas se describen el miedo y la rabia que las mujeres sienten al ver amenazados sus cuerpos.

El acoso sexual que experimentamos las mujeres de manera reiterada se encuentra conectado con la violencia sexual. El acoso es una forma continuada en que los hombres afianzan su dominio sobre el espacio público e incrementa el temor que experimentan las mujeres en la calle, pues saben que es un comportamiento amenazante, que puede materializarse. Esta amenaza toma forma bien sea porque las mujeres han atravesado por el dolor que produce la violencia sexual o porque saben que es un riesgo latente sobre sus cuerpos.

Nuestras sociedades han llegado a un alto nivel de naturalización y silencio sobre este tema. Se ha banalizado al considerar que son asuntos del ámbito privado y que por esta razón no deben ser debatidos como un tema que nos ocupa como sociedad.

Las historias aún siguen ocurriendo, aún no se rompen de una vez y para siempre los rastros de la violencia patriarcal que se sedimenta como una tierra movediza y que se escurre por los rincones de nuestra vida. Sin embargo, la palabra nos ha servido para encontrarnos, entendernos en las historias de las demás y enfatizar en la escucha como una acción necesaria para fracturar poco a poco los ciclos de la violencia sexual.

Hoy extiendo esta invitación para abrir los espacios de escucha de nuestra propia historia y de las mujeres que nos rodean, este es el primer paso para impedir que la violencia contra nuestros cuerpos se siga reproduciendo.
Gracias por leerme.

Ana María Henao Buitrago.

Ana María Henao Buitrago es abogada, especialista en derechos humanos y feminista interseccional.
En la actualidad es candidata a magíster en Estudios socioespaciales y gestora de la iniciativa Queridas todas,
estrategia que pretende generar un acercamiento a las historias sobre la violencia sexual cometida
contra los cuerpos de mujeres y niñas, desde las emociones y una pregunta por la potencia del arte como medio de acercamiento sensible a las historias de dolor.

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