¿Quién representa a las mujeres?

Tiffany Botero Rivera. Cortesía.

Por Tiffany Botero Rivera
Columnista invitada

Politóloga de la Universidad Nacional, miembro del grupo de Investigación Pensamiento Contemporáneo, investigadora en temas de género, políticas públicas y estudios urbano-regionales.

La consulta del pasado 19 de noviembre, en la cual el Partido Liberal dejaba a elección de los colombianos la definición de su candidato presidencial, más allá de las conclusiones obvias sobre su baja participación, el lugar en el que queda el partido o las opciones que le quedan en la carrera por la presidencia, avivó otro debate: el de las mujeres que han sido apartadas de la contienda electoral al interior del partido debido a que no representan a cabalidad sus postulados ideológicos. Y con ello una pregunta: ¿existe paridad per se por ser mujer?

Si bien es cierto que en Colombia la participación política de las mujeres en todos los cargos de representación popular sigue siendo marginal, y que, por lo mismo, vale la pena seguir reclamando cuotas femeninas, también es importante reconocer que no necesariamente tener mujeres en la política garantiza la representación de los intereses y las luchas del feminismo.

Y es que por momentos se encuentra como lo más lógico: que las mujeres que se hacen a un puesto en la política, por estar allí gracias a las luchas feministas, deben retribuirlo con sus ideas y acciones en este cargo. Sin embargo, a otras luces, esto tiene un tinte determinista que nos lleva a pensar que entonces el feminismo es patrimonio de las corrientes liberales, que no es posible que una mujer en política, por ejemplo, defienda ideas como la desregulación del mercado, pues, como sabemos, el feminismo, más allá de proponer una discusión en torno a la desigualdad basada en el género que experimentan las mujeres, cuestiona el poder y la desigualdad en ámbitos económicos, sociales, culturales y políticos.

Y si se entra en esa causalidad, de todas las mujeres en la política se esperará que defiendan las mismas ideas, y con ello no solo se pretendería una homogenización de las mujeres y sus formas de hacer política, cosa que no parece ser la idea del feminismo —de hecho, se habla de los feminismos, en plural—, sino que también se les niega a las mujeres la posibilidad de trabajar, a partir de su libre interés y voluntad, en temas distintos a este. Y. nuevamente, se espera que ellas asuman responsabilidades que ni siquiera se nos ha ocurrido situar también en los hombres con cargos políticos.

Hay quienes, por ejemplo, sostienen que Margaret Thatcher, pese a que en muchos casos impulsó políticas en detrimento de las mujeres, es una feminista auténtica, debido a que contribuyó a posicionar la imagen de las mujeres en su país, desde un lugar de poder; esto cuando ni ella misma gusta autodenominarse feminista. La autenticidad de Thatcher radica en reconocerse en un principio como mujer de derecha y honestamente postularse desde ese ideal. Claro, su posición política no la hace menos merecedora de esa igualdad.

Con respecto a la paridad política en la contienda electoral que comienza a cocinarse en el país, no podrá perderse de vista, en primer lugar, que la participación de las mujeres aparece nuevamente como una fuerza adjunta a la de los candidatos, una fuerza que suma, nada más, dejando la sensación de que los liderazgos femeninos son incapaces de asumir un cargo de tal magnitud como la presidencia. Y esto se debe a que el trabajo de base de los partidos es tan deficiente que invisibiliza a las mujeres y a cualquiera que no tenga un apellido prominente.

Pero, en segundo lugar, algo que no es tan obvio: aun respetando el lugar que también merecen en política las mujeres que no se sienten recogidas en las ideas del feminismo, vale la pena advertir que votando por ellas no necesariamente se va a contribuir a estas luchas. Incluso, que hay casos en los que son los hombres quienes mejor recogen estas ideas; entonces, la paridad se expresa más allá de una cuota femenina, a veces también toma forma en las ideas de un candidato.

Ahora, esto no nos obliga a abandonar la lucha por la paridad política, al contrario, nos invita a nutrirla más allá de lo cuantitativo en una lista para el Congreso. ¿Queremos más mujeres en la política que representen los ideales del feminismo? Tendremos que entender esa paridad a partir también de ideas y principios al interior de los partidos y colectivos de manera generalizada, pues solo así se les abrirá campo a las mujeres de las bases o, incluso, a las que ya han logrado un posicionamiento para dejar el rol de acompañante y asumir el liderazgo.

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