Teatro y comunidad: dos palabras que definen a María Victoria Suaza Gómez

Por Sandra Valoyes Villa

María Victoria Suaza Gómez, delegada de Confiar en Apartadó (Urabá antioqueño), es una mujer dedicada al teatro y la comunidad. Se distingue por su creatividad, su fuerza y su voz. Esta licenciada en educación y artista pedagoga, se ha inspirado en el arte para construir sociedad y paz.

Aunque es de Medellín, María Victoria vive en Apartadó hace 19 años. Su familia ya habitaba la región años atrás de su llegada, y siempre se ha caracterizado por su vinculación con procesos comunitarios muy asociados al mundo artístico. Sin embargo, su arribo al territorio no fue fácil, pues esta región biodiversa y con gran riqueza cultural, vivía las secuelas del conflicto armado y no abundaban opciones para el desarrollo de la cultura y arte.

Su vivencia en Urabá empezó en el barrio Obrero, en la comuna 2 de Apartadó, donde realizó talleres de títeres para jóvenes. Luego se integró a la Casa de la Cultura del municipio como directora, escenario que convirtió en embajada cultural y en espacio de encuentro entre jóvenes de la comuna 3. Antes era un lugar apropiado por actores armados ilegales, así que lo primero a lo que se enfrentaron María Victoria y su equipo fue a una serie de episodios que debieron sortear para alejar a los armados del lugar y de las expectativas de la juventud. Sus acciones dieron fruto y la Casa de la Cultura se llegó a denominar «territorio de paz».

En 2001 creó Camaleón de Urabá, un proyecto cultural que nace de la pregunta por el arte como dinamizador de encuentros, muy inspirada por la experiencia de la Casa Amarilla de la Corporación Cultural Nuestra Gente, donde aprendió que «por más que el mundo nos invite a separarnos y a ser individualistas tenemos que seguir trabajando en colectivo».

El proyecto de María Victoria, consolidado en la comuna 1 de Apartadó, ha tenido una apertura al eje bananero, y de ello dan cuenta las once organizaciones que funcionan actualmente en el territorio como producto del proceso desarrollado por el grupo de integrantes de Camaleón de Urabá

Ester: la abuela y el personaje que inspiran

Sus ancestras inmediatas, su madre y su abuela, han sido referentes en la vida de María Victoria. Particularmente su abuela, Ester Giraldo, le representa fortaleza, autonomía y decisión, pues cuenta que «pensaba que las mujeres habíamos nacido para hacer muchas cosas más y no solo para la maternidad. Ella tuvo cuatro hijos de tres embarazos, en una época en las que las mujeres no tenían acceso a una planificación tranquila».

Además, su abuela fue una autodidacta, ya que se esforzó en aprender a leer y a escribir sin tener que ir a una escuela. Y todas esas elecciones que Ester asumió para su vida, marcaron su descendencia. El personaje que lleva el mismo nombre de su abuela en la obra Érase una vez un Pueblo bello, lo recuerda con estas líneas: «si otros decidieron cómo tendría que vivir, yo decido cómo tengo que morir». Este montaje teatral sobre la recuperación de la memoria basado en la masacre del corregimiento Pueblo bello de Turbo, ocurrida en 1990, no solo le remiten a la fortaleza de su abuela sino a la de toda una comunidad que a pesar de la historia violenta le apuesta a la paz y a la reconciliación.

La confianza en el trabajo colectivo

Justo antes de irse a Urabá, María Victoria, en su trabajo como titiritera, llegó a Confiar para hacer pedagogía con La hormiguita ahorradora, este personaje que invitaba especialmente a niñas y niños a comprender la importancia del ahorro, le dió la oportunidad de conocer la acción de la Cooperativa. Ya en la región, en el año 2004, presencó la inauguración de la agencia Apartadó de Confiar, y convencida que «la economía desde el arte es absolutamente análoga con el cooperativismo”, se asoció.

En el año 2009, Camaleón de Urabá presentó la obra de teatro Tierra del sol, un montaje que, como relata María Victoria, «desde la mirada del reverdecer, habla de las masacres bananeras, de cómo las mujeres han marcado el cambio de la región, pues a ellas les tocó quitarse el delantal y literalmente ponerse las botas e ir a trabajar a las fincas. Entonces yo me empeñé en que esa obra había que mostrársela al mundo».

Su perseverancia hizo que la obra fuera seleccionada en un festival de teatro en Argentina, y por ello se dirigió a Confiar para buscar soporte: «nos dijeron que sí, pero cuando fuimos el recurso económico no alcanzaba para el viaje, sin embargo, con el apoyo garantizamos ir a Bogotá, y allá conseguimos los recursos para llegar hasta Argentina», recuerda. El viaje fue una literal aventura, pues hicieron un recorrido por tierra atravesando Ecuador, Perú y Bolivia, y con todas las peripecias que enfrentaron para llegar al país austral, mostraron Tierra del Sol y recibieron el premio a la simpatía del público.

Cuando el grupo Camaleón de Urabá fue creciendo se afianzó el sueño de tener una casa-sede en la comuna uno, momento en el que llegó de nuevo el padrinazgo de Confiar:

«la solidaridad no es solo dar, la solidaridad es un tema de yo pongo y tú pones, y por eso hemos estado siempre trabajando juntos con Confiar. El dinero se puede conseguir con trabajo, pero lo que necesitábamos era un hombro, un soporte, necesitábamos acceder al crédito para romper ese paradigma de que no podemos hacer una casa cultural en una comuna como esa, y si no es con Confiar no iba a ser con nadie».

Para ella el teatro es el más colectivo de las artes ya que «no se puede decir que hay en el teatro alguna acción solitaria». La convicción por el trabajo colaborativo y solidario la llevó a ser delegada de Confiar en Urabá, pues la comunidad no solo la reconoce por su fuerza en la actuación y su voz, sino como la gestora cultural que cree en el arte para construir sociedad.

Este mensaje tiene un comentario

  1. Excelente descripción de la vivencia solidaria encarnada en una mujer como Maria Victoria…Esther y muchas mas luchadoras que dia a dia con su testimonio construyen territorios de paz🤗

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