Una copa por la salud y el autoconocimiento

Fotografias de Patricia Moraleda.

Por Sandra Valoyes Villa

La copa menstrual es hoy una de las alternativas más llamativas para las mujeres debido a que este recipiente diseñado para retener la menstruación, se puede reutilizar, lo que permite ahorrar dinero y cuidar el ambiente, además se considerada que su uso genera mayor conciencia sobre la salud y el propio cuerpo.

«Yo soy antes y después de la copa menstrual»

Tatiana Osorio Montoya empezó a usar la copa menstrual hace siete años cuando era apenas una adolescente, se enteró de ella por internet, ya que en ese entonces era muy difícil acceder a esta tecnología en el país, al principio debió pedirla a Europa porque en Colombia no había quién la vendiera, eso la motivó a volverse una distribuidora y hoy como muchas mujeres independientes, la importan al país desde lugares como Alemania, Canadá, España, Estados Unidos, Francia e Inglaterra.

«Cuando la conocí pensé que era el mejor invento de la humanidad, me propuse hablar con todas las mujeres que me rodeaban sobre ella, porque sentía que debían conocer esta alternativa, pues utilizarla es mejorar la calidad de vida en un 100%, y yo soy antes y después de la copa menstrual».

Tatiana es otra después de usar la copa porque cuando empezó a menstruar tuvo muchos problemas debido a la irritación que le causaban las toallas higiénicas, a ello se sumaba la anemia que padecía, lo que le causaba un sangrado más constante y abundante, grandes dificultades para practicar sus deportes favoritos y por supuesto, la llegó a invadir una sensación de desgano frente una actividad propia de su cuerpo: «Terminaba el ciclo ampollada, odiaba ser mujer y pensaba en cómo a los 14 años, apenas iniciando el ciclo, ya lo estaba odiando».

Cuando se les pregunta a las mujeres sobre el tiempo que tardaron en habituarse en el uso de la copa menstrual, la mayoría dice que aproximadamente en tres ciclos, pero Tatiana, se adaptó de inmediato: «yo la utilicé y al instante la amé, pasé de estar quemada a no sentir ninguna molestia, y poder meterme en una piscina y hacer ejercicios de apnea y pulmón libre, pues la relación que yo tenía usando toallas y tampones era un sufrimiento, me hacía sentir inseguridad para meterme al agua por lo que me quedaba semanas sin hacerlo» explicó Tatiana Osorio Montoya hoy bióloga y líder del grupo y la marca @usalacopa.

Fotografía de @usalacopa iniciativa de Tatiana Osorio Montoya y Daniela Ramírez Sánchez.

«Sangrar es tan natural como llorar, es una emoción»

Lo que le sucedió a Tatiana en sus primeros ciclos menstruales le sugirieron un rechazo al ser mujer, y aunque ésta experiencia no es la misma para todas las mujeres, si se puede afirmar que «en la mayoría, ha sido entre triste y traumática» así lo explica la Terapeuta Menstrual Biviana Gómez Lopera, quien en el ejercicio de acompañamiento a las mujeres en las fases del ciclo menstrual, ha encontrado que el rechazo que culturalmente se ha ejercido sobre lo femenino y la menstruación, ha ayudado para que el dolor y el resentimiento que sienten las mujeres sobre el propio cuerpo, se intensifique.

La menstruación se oculta socialmente de muchas maneras, en ocasiones se prefiere no emplear su nombre y en publicidad puede apreciarse como «muchas compañías que venden toallas y tampones muestran la sangre verde o azul, pero sabemos que es roja», dice Tatiana al nombrar algunas de las consecuencias que se asocian a la menstruación como tabú, pero «sangrar es tan natural como llorar, es una emoción. Son emociones que hay que abrazarlas porque comprender nuestra ciclicidad nos permite reconectarnos con nosotras mismas» expresa Biviana quien además integra el colectivo Artemisa y distribuye la copa.

Ese «reconectarnos con nosotras mismas» puede hacer grandes cambios en la salud, porque permite reconocer «un beneficio que como mujeres tenemos, porque en comparación con los hombres, tenemos la posibilidad de limpiar nuestro cuerpo a través de la emanación de este flujo» explica la Terapeura Holistica Mayerly Chacón Toledo, quien ve en el uso de la copa menstrual la posibilidad de «recordarnos, reconectarnos, reconocernos, empoderarnos y diagnosticarnos, en la medida en que se convierte en una medicina preventiva, pues el estar en contacto con la propia sangre puede aportar a identificar si algo no está bien en nuestro cuerpo».

Quizá esta sea una de las características a destacar de la copa; la médica Carolina Muñoz Galeano, subraya que su uso permite «un autoconocimiento del propio cuerpo, pues se puede saber cuánto se menstrua, cuál es el olor y el color real, y cuando hay cambios se puede detectar que algo extraño está sucediendo y este insumo es importante para comunicarlo a su médico-a. En definitiva, ese conocimiento nos ayuda a evitar progresión de enfermedades peligrosas».

La doctora Muñoz Galeano ha trabajado en programas de Promoción y prevención, Planificación familiar y Sexualidad sana en universidades, hoy es consultada en la Universidad Autónoma Latinoamericana, y considera que la copa menstrual es una opción para la salud de las mujeres porque «los materiales con los que está realizada disminuyen las alergias que se presentan cuando se usan otros métodos como las toallas o los tampones que no sólo absorben la sangre sino la humedad normal de la vagina, esto genera alteraciones en el ph (grado de acidez o basicidad) y propensión a infecciones».

Una alternativa amigable con el cuerpo, el ambiente y el bolsillo

Uno de los beneficios que más se le ha conferido al uso de la copa es la posibilidad de reducir la contaminación en el mundo, y es precisamente porque «las toallas tienen materiales que no se degradan (incluyendo el plástico), y es tal la cantidad que el planeta no alcanza a absorber» así lo explica Biviana Gómez Lopera indicando que «así no seamos muy conscientes o muy activistas del medio ambiente, con el uso de la copa estamos contribuyendo de una manera sustancial», pues mientras se lee este articulo millones de mujeres están desechando una toalla higiénica. Las proyecciones cuantifican un desecho individual de 2.160 toallas o tampones en diez años, lo que puede implicar unos 500 años para su degradación.

Según las distribuidoras de la copa su tiempo de duración es de 10 años, aunque puede durar un poco más. Esto, además de aportar a la reducción de basura, genera a largo plazo un ahorro de dinero, pues una copa puede costar en Colombia entre $70.000 y $90.000 para diez años de uso; mientras que el gasto anual aproximado de una mujer en toallas y tampones es de $120.000

Adicionalmente, los tampones y toallas no solo contaminan el ambiente sino que pueden perjudicar la salud de las mujeres, pues al producirlos «tienen un proceso químico que aclara el algodón y estas sustancias se quedan dentro de los tampones y las toallas, situación que puede causar irritaciones y otros inconvenientes en la salud de la mujer» señala la doctora Carolina Muñoz Galeano.

Imágenes de copas menstruales de algunas de las marcas que se distribuyen en Colombia.

¿Cómo se usa y cómo se elige una copa a la medida?

La copa se usa de manera similar a un tampón, se dobla, se inserta al inicio de la cavidad de la vagina, allí las paredes generan un vacío, lo que hace que se mantenga en su sitio. Por supuesto, se deben tener las manos bien lavadas al momento de introducirla y usar agua limpia al momento de retirarla. Es importante tener en cuenta que se debe esterilizar (o hervirla en agua) antes y después de cada ciclo.

Para la elección correcta de la copa lo más conveniente es buscar asesoría de las personas que las distribuyen o realizar los test que están en los sitios web de las marcas de copa certificadas, pues se encuentran en varias tallas y según la marca también en varias densidades, esto dependerá del tamaño del útero y en general de cada mujer y factores como el número de partos y la fortaleza de los músculos de la vagina. Sin embargo, se contraindica para las mujeres que acaban de tener un parto porque como lo explica la doctora Muñoz Galeano «la vagina está inflamada y hay reacomodación en sus músculos».

Las expertas recomiendan no comprar en plataformas como Mercado Libre debido a que allí se encuentran copas de dudosa procedencia, generalmente se vende a muy bajos costos (por debajo de los $20.000) y se ha llegado a comprobar que son elaboradas con materiales como plástico y pigmentos a base de plomo, además no presentan la garantía que si tienen las empresas fabricantes reconocidas, que la pueden otorgar hasta por 10 años.

Se recomienda que la copa sea transparente para poder visualizar el color de la sangre, que según los tonos e intensidades puede ser un indicador para la salud. Si se desea usar en colores, lo que se sugiere es estar completamente segura del material con el que fue pigmentada.

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