¿Usted sabe quiénes son ellas?

Johana Barrientos en el Cabaret performance. Cortesía: Museo de Antioquia

Por Jenny Giraldo García

Ocho mujeres que trabajan en los alrededores del Museo de Antioquia decidieron hacer parte de un cabaret feminista propuesto por la artista bogotana Nadia Granados. En el escenario se ven mujeres que han transformado sus vidas a partir de esta experiencia.

Una a una pasan por el escenario ocho mujeres. Nombres: Luz Mery Giraldo, Gladys Restrepo Rojas, María Adela Villa, María Delia Flores, Jaqueline Duque, Carolina Gómez, Johana Barrientos y Gloria Zapata Rojas. Edades: entre los 30 y los 62 años. Oficio: trabajadoras sexuales (dos de ellas ya retiradas). Esta noche: artistas de cabaret.

Cada una de ellas hace su monólogo. Cada narración acude a diferentes manifestaciones artísticas y escénicas: performance, videoarte, danza, canto, teatro, stand up comedy.

Nadia Granados es la dueña de un cuerpo que no aparece en la escena pero sí en la obra, una artista bogotana que hace performance y que ha convertido su cuerpo en su principal instrumento de creación. Las reflexiones y vivencias como mujer le han permitido una poderosa conciencia sobre cómo esos cuerpos femeninos han sido receptores de exclusiones y violencias múltiples. Por eso, su expresión artística proviene del cuerpo mismo, pues en sus propuestas busca quebrar formas tradicionales de concebirlo.

En el caso de este cabaret, son otros cuerpos los que aparecen. Se trata de siete trabajadoras sexuales de los alrededores del Museo de Antioquia y una artista callejera que baila y hace malabares en los semáforos de la ciudad. Ellas, junto a Nadia y a Carolina Chacón, curadora del Museo, montaron el cabaret performance Usted no sabe quién soy yo, una propuesta artística y estética que pone esos cuerpos, que han sido socialmente marginados, a ser observados y aplaudidos por un público que semana a semana llenó el auditorio de la Casa del Encuentro. Finalizada la temporada, ha comenzado un proceso de gestión para llevar el cabaret a otros escenarios de la ciudad.

Las mujeres, las historias

Ellas ocho se llaman Las guerreras del Centro y ese es su espíritu, trabajadoras, mujeres que han pasado sus vidas luchando contra la estigmatización, la violencia, la pobreza. Y las historias de vida que dan cuenta de esas luchas están en el cabaret performance Usted no sabe quién soy yo. El nombre es muy pertinente si tenemos en cuenta que la ciudad desdibuja las identidades de cientos, de miles, de personas que cotidianamente están ejerciendo sus oficios en el más completo anonimato, que desconocemos sus nombres, sus contextos, sus necesidades, sus formas de vida. Por eso, al ingresar al cabaret no tenemos idea de quiénes son las mujeres con las que nos vamos a encontrar y ellas abren su alma para el público.

La violencia de género, la vida en contextos de conflicto armado, la sexualidad, el placer y la libertad, la capacidad de resiliencia, esos son los temas que aparecen en las historias de ese grupo de mujeres que se atrevieron a contar sus historias y que han logrado transformaciones en sus vidas, cambios subjetivos que parecen sutiles pero que contribuyen también a la transformación de sus entornos. Así también se cambia el mundo.

Débora Arango aparece en la escena con su obra Retrato de Colombia; luego, la pintura toma vida, Gladis se revuelca por el piso, los buitres proyectados en la pared comienzan a picotearla, la devoran. Ella y sus compañeras se acercaron al arte, propusieron lecturas particulares desde sus contextos y formas de ver el mundo, así nacieron los números del cabaret.

Jaqueline llevó a escena el tema del feminicidio. De fondo, una guasca popular que narra descaradamente los golpes sistemáticos de un marido contra su esposa y cómo la asesina finalmente. A ella la vemos también en la pantalla: se va tragando esas rosas que tantas veces le regalaron para pedirle perdón y que se convierten en un charco de sangre. Adela baila salsa mientras, por la pantalla, viajamos por las calles de algún barrio de Medellín. Se oyen las balas, los titulares de prensa, la guerra se tomó ese territorio y ella también fue víctima.

Johana habla de cómo es maltratada e insultada cotidianamente por no tener la comida lista, por no tenerla perfectamente cocinada, por no haber limpiado la casa, por no haber lavado los calzoncillos, luego hace una danza de liberación. Carolina compone una parodia de Dile a tu nuevo querer (Celia Cruz) y la convierte en un mensaje de autocuidado. Maria Delia, admiradora de Margarita Rosa que siempre había soñado con estar en un escenario, cuenta con mucho humor situaciones dolorosas de su vida asociadas al ejercicio de la prostitución.

Cortesía: Museo de Antioquia

¿Cuál es el valor de esta propuesta? Podrían enumerarse muchos: el trabajo que hacen con su cuerpo las actrices no profesionales, la forma en la que exponen su intimidad, en la que hacen uso de su palabra, en la que nos miran a los ojos para recordarnos que ellas están ahí, que son mujeres y que tienen una historia, la forma en la que nos permiten saber –al menos un poco– quiénes son ellas. Varios de los performances están acompañados de videos que son chocantes, nos confrontan, nos molestan y logran ser parte fundamental de la puesta en escena.

Nadia Granados califica esta como “una gran experiencia de trabajo y de reflexión sobre lo que significa ser mujer en un contexto como este y en un país como este”. Esas mujeres que vemos en escena quizás no tenían la suficiente conciencia de lo que había sucedido en sus vidas, de las implicaciones de ejercer el oficio que ejercen y de las acciones que configuran violencias de género. Por otro lado, esta propuesta contribuye a un debate ya histórico del feminismo sobre el ejercicio de la prostitución: ¿esclavitud sexual o autonomía?  Algunas de las mujeres que participan del cabaret han llegado al oficio por necesidad; otras, por decisión propia y han hecho del placer su negocio, por eso ver esta propuesta también nos permite, como espectadores, ampliar la mirada sobre ellas, sus condiciones, sus deseos y su ser femenino y desplazar la mirada del plano exclusivamente moral.

Una experiencia transformadora

La esquina del movimiento fue otra de las actividades que hizo parte de 89 noches, la exposición dentro de la cual surgió el cabaret. Varios viernes, después de la función, las guerreras se reunían en esa esquina de Calibío con Cundinamarca con las personas del Museo, entre ellas, María del Rosario Escobar. Después de varios viernes de conversación, las actrices del cabaret supieron que se trataba de la directora del Museo, así que una de ellas se disculpó por la cantidad de barbaridades dichas. María del Rosario le respondió que no se avergonzara, que su cargo no tenía nada que ver y que en espacio ella era una mujer más. Luego, se juntaron en el karaoke y cantaron a grito herido Él me mintió, de Amanda Miguel.

Participar de este proyecto amplía su visión del mundo, expande sus lazos y sus redes, les permite acercarse a otras mujeres que ejercen otros oficios: comunicadoras, secretarias, guías, curadoras y directoras de museos, mujeres con quienes comparten gustos, historias, preguntas y sentimientos.

“Siento que todos somos arte”, expresa Johana Barrientos, quien a partir del cabaret ha logrado acercarse al Museo de otra forma y sentirse en él como en casa. Confiesa que antes le daba risa lo que veía, pero su punto de vista se ha transformado, se sabe en capacidad de apreciar una obra, de analizarla y de sentirla con intensidad. Además, después de su actuación en el cabaret, ha descubierto que “el arte hace que nosotras podamos decir desde nuestro cuerpo, desde nuestra expresión, hace una sanación en uno”.

Las próximas funciones

Usted no sabe quién soy yo se presenta este domingo 17 de septiembre para cerrar la Fiesta del libro y la cultura. Esta función será a las 8:00 p.m. en el Salón Humboldt.

El miércoles 20 de septiembre, a las 7:30 p.m., se presentará en CasaTeatro El Poblado, con entrada libre. Las boletas se entregarán una hora antes de la función. (Ver información del evento)

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