#YoTambiénMedellín

Por Cristina Hincapié Hurtado

Fotografías Kelly Echeverri Alzate

A inicios del mes de febrero, alrededor de 70 mujeres de Medellín se encontraron en la Casa de la Cultura y la Cooperación Confiar para hablar sobre un tema que debería ocuparnos y preocuparnos a todas y a todos: el acoso sexual. Esta fue una iniciativa ciudadana que surgió a raíz del #MeToo, un movimiento que se ha tomado las redes sociales en los últimos meses y que ha servido para que miles de mujeres en el mundo rompan su silencio para decir «Yo También» he sido víctima del acoso y el abuso sexual.

Mucho se discute y se analiza sobre el papel de las redes sociales en la actualidad. Con el paso del tiempo hemos ido encontrando que no solo la vida «privada» hace parte de estos escenarios, cada vez más, y con más fuerza, la vida pública, la participación política y el activismo han tenido su motor en las redes sociales que conectan intereses, luchas y causas. En los últimos meses, uno de los temas más controversiales ha sido el acoso sexual. Actrices, cantantes, periodistas, políticas y mujeres de todas las áreas se han manifestado en relación a este tema a través de diferentes insignias y nombres, como #MeToo, y estos mismos diálogos e intercambios en redes sociales, especialmente en Facebook, propiciaron un encuentro de mujeres (y algunos hombres dispuestos a escuchar) que tuvo por objetivo hablar del tema en la ciudad de Medellín, pues los debates y las discusiones que movilizaron la opinión pública, no tardaron en llegar a nuestro país y a nuestras ciudades.

Todo empezó con un «Yo También»

Aunque el encuentro se planteó como una conversación abierta, tres voces fueron invitadas a abrir el debate. Marta Restrepo López, activista feminista, destacó la importancia de movimientos como el MeToo y Time’sUp, ya que estos lograron unir a mujeres muy diversas, pues  aunque el foco estuvo en las actrices de Hollywood, su visibilidad ayudó a evidenciar el acoso que sufren otros grupos de mujeres en Estados Unidos como las trabajadoras, las migrantes, las afro, las niñas abusadas, las trans y las sindicalistas. A Lucrecia Ramírez Restrepo, psiquiatra y feminista, la movió la indignación; con el boom de los movimientos globales, estaba a la espera de escuchar la voz de las colombianas, una voz que considera tímida, machista y miedosa. Para ella, es evidente que  las mujeres aún tienen miedo de hablar y frente a este panorama, sus emociones son la desazón y el terror. Ana Cristina Restrepo Jiménez, periodista y columnista, resaltó un punto de quiebre: a principios de febrero, las acciones de la compañía de moda Guess cayeron en un 18% por una denuncia de acoso sexual hecha por la modelo Kate Upton sobre el acoso sufrido por parte de uno de los cofundadores de la marca. Lo que no pudo el discurso de los derechos humanos, ni el feminista, parece que sí lo hizo el discurso capitalista, pues con esta noticia las empresas se dan cuenta de su responsabilidad y entienden que estos actos tienen una afectación. Para Ana Cristina, la tarea de los medios de comunicación es fundamental para desnaturalizar el acoso, y considera que los medios deben ayudar a elevar el nivel de comprensión de estos fenómenos para que cada vez la tolerancia sea menor.

Una reflexión fundamental: el silencio

Fenómenos como el #MeToo y sus efectos mundiales están atravesados por los testimonios y el valor de las mujeres que denuncian los abusos o acosos de los que han sido víctimas. Sin embargo, el silencio se ha planteado también como una opción, y sobre todo, como una pregunta: ¿por qué callan las mujeres abusadas?

Diferentes grupos de mujeres se enfrentan constantemente al silencio. Las mujeres rurales, por ejemplo, se consideran uno de los sectores más vulnerables, pues debido a las distancias y las condiciones de los territorios son las menos informadas y en sus comunidades abundan los abusos de poder y las creencias erradas alrededor de estos temas.  Las mujeres, en general, no confían en las personas y menos en las instituciones, pues la falta de garantías que ofrece el estado se evidencia tanto en las ciudades como en la ruralidad y aumenta la tendencia al silencio frente a una situación de abuso o acoso.

Sin embargo, no todas las experiencias continúan silenciadas, la iniciativa Hablemos de Empleadas Domésticas ha permitido que este grupo de mujeres manifiesten hoy una serie de cambios positivos. En este caso, la legislación que se ha puesto en la agenda pública, la solidaridad de los medios de comunicación y la educación que reciben las generaciones jóvenes, son tres factores que destacan.

Una herramienta fundamental para hacer frente al silencio es la educación. Algunas de las asistentes que participan de los ámbitos académicos de la ciudad dan cuenta de la poca intervención estatal, pues el tema de género, en lugar de considerarse primordial en las instituciones educativas, genera polémicas y ausencias, por no hablar de los retrocesos y los impedimentos que se encuentran las docentes que avanzan en este camino. Además, reflexionan, algunos de los espacios pedagógicos que existen se enfocan en enseñarle a las mujeres a cuidarse, a conocer las rutas para denunciar y a modular su comportamiento y sus actividades para no poner en riesgo su vida, cuando el verdadero trabajo pedagógico debería hacerse con los hombres para disminuir y erradicar los acosos y abusos.

Más allá de la sororidad

Las mujeres que se han dado cita en este encuentro son solidarias, trabajan de alguna manera por otras mujeres y comparten sus saberes con aquellas menos privilegiadas. Sin embargo, hacen un llamado a ir más allá de la sororidad. Después de una larga conversación, una de las invitaciones del encuentro hace referencia a la necesidad de que las mujeres y los colectivos de la ciudad pasen de la indignación a la acción. La estrategia, concluyen, es poner la pregunta sobre el poder, seguir construyendo espacios donde se puedan replantear la participación de las mujeres en términos sociales y políticos, y sobre todo seguir trabajando juntas.

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